Artículos Lij (marzo 2016)

LAS VOCES DE LA MEMORIA EN UN LIBRO MUY PARTICULAR
¿QUIÉN SOY? Relatos sobre identidad, nietos y reencuentros

Por  Nora Schujman (*) 
 Una reflexión acerca de la literatura para niños y jóvenes (LIJ) y la historia[1]

“De todas las inflexiones que admite nuestro lenguaje, de todas las entonaciones que refuerzan el sentido de las palabras que pronunciamos, la pregunta es la más humana.
La pregunta es humana. Y tan valiente que puede danzar al borde los mayores abismos. Es mágica porque parece capaz de resignificar el pasado y el futuro”
Liliana Bodoc en la Introducción al libro El mar y la serpiente, de Paula Bombara


“¿Tu papá y tu mamá saben quiénes son? Manuel sí. Ahora sabe. No ahora ahora. Hace un tiempo que sabe. Pero no lo supo siempre”
(Manuel no es Superman – Historia de Manuel Goncalvez)
Escrito por Paula Bombara e ilustrado por Irene Singer

“Estoy pelada de mamá desde chiquita. Pelada y con peluca. ¿Vos decís que me parezco a otra persona? No ¿no es cierto? Yo quisiera saber si me parezco a la cara de ella, pero no me acuerdo de la cara que ella tiene”
(¿Sabés, Athos? – Historia de Jimena Vicario)
Escrito por Iris Rivera e ilustrado por María Wernicke

“De lo que pasó antes no sé nada, ¿qué pueden saber dos niños sin sus padres, camino a quién sabe dónde, en manos de dos extraños? Lo único que sé es que íbamos mi hermana y yo tomados d e la mano”
(Los hermanos – Historia de Marcelo y María Victoria Ruiz Dameri)
Escrito por María Teresa Andruetto e ilustrado por Istvansch

“Estarás confundido, me imagino. ¿Qué es todo esto de mamá Raquel, de mamá Susana, de fotos aparecidas después de treinta años? Como para no estar mareado si todo esto es un lío, ¿no?  Claro que sí, entonces dejame que te cuente”
(Querido Melli – Historia de Sabrina Gullino Negro Valenzuela y su hermano aún desaparecido)
Escrito por Mario Méndez e ilustrado por Pablo Bernasconi

Las que preceden son citas de un libro muy particular, un libro que provoca emoción, asombro, curiosidad, sensibilidad, perturbación…un impacto de lectura que con un rigor conmovedor relata historias que forman parte de nuestra terrible Historia, la de la dictadura en nuestro país (Argentina). Manuel Goncalves, Jimena Vicario, Marcelo y María Victoria Ruiz Dameri, Sabrina Gullino Negro Valenzuela, quien todavía busca a su hermano mellizo, son los nietos, hijos e hijas de desaparecidos, cuyas historias, identidades y reencuentros son narrados  por reconocidos autores de LIJ a través de sus plumas y de las imágenes de cuatro ilustradores[2]. El resultado es un artefacto artístico realmente sorprendente que a cada paso va dando cuenta y reafirmando a los lectores que están leyendo historias de seres “de verdad”, personas que vivieron y sufrieron lo que se cuenta. Y así como el texto se inaugura con una pregunta sobre la identidad que articula todos los relatos y en cada uno de ellos aparecen otras, hay un interrogante que atraviesa a toda la literatura y a los escritores que deciden literaturizar hechos de la realidad: ¿es posible narrar el horror?, ¿cómo hacerlo?, ¿qué voces adoptar?, ¿qué miradas?, ¿qué recortes realizar?
En este marco, ¿Quién soy?, toma como material experiencias vividas que se constituyen en  “las voces de la memoria”, las de los nietos recuperados, que contaron sus vivencias y fragmentarios recuerdos. El libro llega al lector interrogando el pasado, pero también el presente y el futuro y lo hace, en un gesto innovador en el ámbito de la LIJ, entrelazando hechos  históricamente verificables y situaciones dramáticas realmente vividas, con recursos ficcionales para contar las verdades de los que sufrieron en carne propia el horror de la tortura, el secuestro, la desaparición y la muerte.
La aparición de esta propuesta nos obliga a revisar a volver la mirada atrás sobre lo que desde la literatura para niños ha sido ofrecido para contar la historia reciente. Revisión que debe inevitablemente articular las producciones con la concepción de infancia en las que se sustentan. Variados materiales dirigidos a niños/as y jóvenes han abordado el tema de la dictadura desde una concepción que rompe con el corral que los supone seres que hay que proteger tanto de la realidad como de la fantasía (Montes, 2009). Es posible citar desde libros o folletos informativos, pasando por ficciones que trabajan la justicia, la memoria y las desapariciones de manera metafórica, hasta novelas y cuentos que indirectamente tematizan estos núcleos históricos. Fue quizá Graciela Montes una pionera ya que con El golpe y los chicos, inició una serie de publicaciones, muchas  de las cuales hoy pueblan las bibliotecas escolares.
Una de las autoras del libro que nos ocupa, Paula Bombara, expresa que el lector que imagina  para el libro que nos ocupa está conformado por “…Personas sensibles, de 7, 8 años para arriba. Hombres y mujeres valientes –de cualquier edad– decididos a conversar con sus familias sobre quiénes son…”[3], incluyendo en estas palabras a los niños y mediadores adultos. Como docentes es una alusión que nos interpela, nos hace pensar en cómo ofrecer esta lectura que puede abrir a otras o ser el cierre de anteriores. Y también en cómo acompañar, con qué miradas, palabras y silencios sostener lo que allí se cuenta. Andamiarlas también con nuestras opiniones o con las de otros adultos: padres, abuelos, compañeros de trabajo, otros testimonios.
Ya  los elementos del paratexto[4] apelan al joven lector/a. En la tapa un niño aparece y desaparece según la posición de la solapa. El título ¿Quién soy? convoca al problema de la identidad y su condición de precariedad en función de la historia social que se cuenta, pero también de la historia del sujeto que, cuando pequeño, se encuentra atravesado por esa pregunta. Y es justamente el drama que estos niños a quienes se les negó la posibilidad de saber quiénes eran realmente, el que se les narra a los niños de hoy como flecha hacia el futuro. El marco que rodea a los relatos es una Introducción se dirige específicamente a chicos y jóvenes: “Estas personas, robadas de tan chicas, hoy podrían tener hijos de tu edad”. Pero agrega un plus: además de ser   representados como lectores, como seres que no solo son pensados sino pensadores,  son configurados como posibles pasadores de estos relatos: “…te contamos y esperamos que cuentes estas historias para ayudar a quienes todavía viven angustiados o confundidos, entre las dudas de sus orígenes”. Un desafío que incluye a las nuevas generaciones en una cadena de voces y manos que ahora de abajo hacia arriba pueden contar la historia, “pasar” cultura. Uno se imagina quizá simplemente el comentario sobre el libro en el hogar y padres sorprendidos por lo que sus hijos les dan de leer…

Entre la realidad y la ficción
“Vi a Marcelo aquella sola vez del relato y con Victoria hablé nomás por teléfono, y a los dos intenté decirles que lo que escribiera sería y no sería sus vidas. Es tan difícil captar una vida... Se trata apenas de relámpagos, acercamientos a ese agujero negro que es el dolor de ellos como metáfora del horror sucedido en nuestro país”
(María Teresa Andruetto, entrevista en Diario Página Doce)

Si bien cada uno de los cuatro relatos-historia posee su singularidad[5] el pacto de lectura que se propone es común a todos.  Cada texto incluye un cierre denominado “Cómo se escribió este cuento” donde se incluyen fotos y datos históricos de los nietos recuperados sobre los cuales se construyeron los textos. Pero además, los escritores comentan la “cocina” de su escritura: los encuentros e incluso desencuentros con los protagonistas, los intercambios que les permitieron escribir estas historias, los sentimientos que las mismas les provocaron y también las dudas que los atravesaron sobre todo a la hora de poner manos a la obra. Ante estos interrogantes afirman que además de posible, es necesario y fructífero apelar a la ficción para contar la verdad.
Cada autor adopta un punto de vista que, entre imágenes, fragmentos y retazos de lo  escuchado, va construyendo un narrador que sensibiliza e informa, porque se apoya en datos verificables. Son los recuerdos de los protagonistas, pero también lo que ellos investigaron o escucharon de otros testigos, los que articulan la construcción de los relatos que cuentan no sólo sus vidas sino las de sus padres desaparecidos o asesinados. Y son esos recuerdos los que dan cuenta del proceso de reconstrucción de la memoria que, como afirma Andruetto, está llena de agujeros[6]. Testigos ellos mismos, sus evocaciones precarias, relámpagos en la noche, ponen el eje en una dimensión subjetiva. Hay una focalización que aporta detalles por momentos pequeños pero que iluminan con potencia abrumadora el drama que vivieron de niños o bebés, sujetos que no eran completamente capaces de comprender las razones de lo que les estaba sucediendo, sin posibilidades de elegir.
“La cosa es que Manuel quedó adentro de un placard” (Manuel no es Superman)
“Pero acordarme no, no me acuerdo. Íbamos mi hermana y yo, agarrados de la mano en el asiento de atrás de un auto, los dos muertos de miedo, con unos carteles en el pecho donde iban escritos nuestros nombres” (Los dos hermanos)
El humor, que parece imposible en este marco, es también un recurso que desde la construcción literaria tiene su espacio:
“¡Ay, Athos! ¿Te acordás que dije que estoy pelada de mamá? ¡Ahora estoy peluda de abuelas!” (¿Sabés, Athos?)
Se construyen entonces entre los protagonistas y los autores que apelan a las referencias y la verificabilidad, reafirmados por imágenes potentes y actuales de los protagonistas, fotos y documentos, las voces literarias-ficcionales que tienen otros “permisos” para narrar.

Un libro…
…un libro que se donde se entrelazan sensaciones, razones y pasiones…
…un libro que sorprende y agrada por su estética cuidada, que atrae como objeto artístico…
…un libro que focaliza en las experiencias y vivencias de hijos- nietos que recuperaron su identidad, que recupera sus propias historias y la de sus padres para que sean contadas a las nueves generaciones…
…un libro de dice, grita, susurra, murmura, balbucea el horror con la crudeza y la delicadeza que sus destinatarios merecen…
…un libro para recomendar…

Bibliografía citada:
Montes, Graciela: El corral de la infancia. Nueva edición revisada y aumentada. Editorial Fondo Cultura Económica, 2009.
_____________ : El golpe y los chicos. Buenos Aires, Ediciones Gramón-Colihue, 1996.
Libros de ficción nombrados:
AAVV: ¿Quién soy? Relatos sobre identidad, nietos y reencuentros. Buenos Aires: Calibroscopio, 2014.
Bombara, Paula: El mar y la serpiente. Buenos Aires: Norma, 2015 (1º edición: 2005)
Reyes Yolanda: Los agujeros negros. Buenos Aires: Alfaguara, 2008 (1º edición: Bogotá, 2000)



[1] El presente artículo está escrito en el marco de un proyecto de investigación
[2] “Paula Bombara, Iris Rivera, Mario Méndez y la ganadora del Hans Christian Andersen, María Teresa Andruetto son los que escribieron estas historias que vuelan como puede hacerlo el arte, pero a partir de una realidad dolorosamente cercana. Pablo Bernasconi, Isvansch, Irene Singer y María Wernicke hicieron lo mismo desde la plástica” (Página doce 16/09/2013).
[4] Injustamente, pero por razones de espacio, no analizaremos en profundidad las ilustraciones que en un contrapunto imprescindible otorgan sentidos plurales y enriquecen la propuesta con una calidad artísticas difícil de describir sin la mirada del material.
[5] Desde el punto de vista literario cada historia tiene una singularidad y riqueza narrativa que merece su momento específico de estudio y análisis.
[6] Una recomendación que se abre es el libro Los agujeros negros de Yolanda Reyes que tematiza este modo de reflexionar sobre la memoria y los recuerdo. 

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(*) Nora Schujman (noris612003@yahoo.com.ar) Profesora de Lengua y Literatura, actualmente es Vicedirectora de la Escuela nº 6389 Federico de la Barra de Rosario. 


DIA INTERNACIONAL DEL LIBRO INFANTIL 2016

2 de Abril
-2016-
Como cada año, desde la Asociación EDELIJ adherimos a la celebración y compartimos el MENSAJE DEL DÍA INTERNACIONAL DEL LIBRO INFANTIL 2016:

Desde 1967, el 2 de abril, con el propósito de conmemorar el nacimiento del escritor danés Hans Christian Andersen, el IBBY (International Board on Books for Young People) promueve la celebración del “Día Internacional del Libro Infantil” a fin de promocionar los buenos libros infantiles y juveniles y la lectura entre los más jóvenes.
Cada año un país miembro de dicha Organización es el encargado de convocar a un escritor destacado para redactar el mensaje a los niños del mundo y a un ilustrador para diseñar el póster anunciador. Estos materiales se utilizan de diferentes maneras para promover el libro y la lectura: a través de los medios de comunicación, de actividades en escuelas y bibliotecas, encuentros con autores e ilustradores, concursos, presentaciones de libros, premios, etc.
Este año 2016, se encargó la sección a Brasil de diseñar e ilustrar el cartel, el cual ha sido escrito por Luciana Sandroni e ilustrado por Ziraldo. (Traducción de Elisa Toledo, revisado por María Sampayo Bouza)


ERASE UNA VEZ…
Erase una vez una… ¿Princesa? No.
Érase una vez una biblioteca. Y érase también una vez una niña llamada Luisa que fue a la biblioteca por primera vez. La niña caminaba despacio, tirando de una mochila de rueditas enoooorme. Observaba todo con admiración: estantes y más estantes repletos de libros. Mesas, sillas, almohadas de colores, dibujos y carteles en las paredes.
— Traje la foto — le dijo tímidamente a la bibliotecaria.
— ¡Muy bien Luisa! Voy a inscribirte. Mientras tanto puedes ir escogiendo el libro. ¿Sabes que puedes llevarte un libro a casa?
— ¿Uno sólo? — Preguntó decepcionada.
En ese mismo instante sonó el teléfono y la bibliotecaria dejó a la niña con la tan difícil tarea de elegir un único libro en la infinidad de estantes. Luisa arrastró su mochila y buscó, buscó hasta que encontró su libro favorito: Blancanieves. Se trataba de una edición de tapa dura, con hermosas ilustraciones. Con el libro en la mano empujó su mochila de nuevo y, cuando ya estaba a punto de salir, alguien le tocó el hombro. La niña se dio la vuelta y casi se cae para atrás del susto: nada más y nada menos era el Gato con Botas con su libro en la mano, ¡digo, entre las patas!
— Buenos días, ¿Cómo estás? — le dijo haciendo una reverencia.
— Luisa, ¿Acaso no te sabes de memoria todas esas historias de princesas? ¿Por qué no te llevas mi libro El Gato con Botas, que es mucho más divertido?
Luisa con la boca abierta no sabía qué decir.
— ¿Qué te pasa? ¿Te comió la lengua el gato? — Bromeó.
— ¿Eres el Gato con Botas de verdad, verdad?
— ¡Si, en persona, digo, de carne y hueso! Llévame a tu casa y sabrás todo sobre mi historia y la del Marqués de Carabas.
La niña, de tan perpleja, solo conseguía asentir con la cabeza. El Gato con Botas, con un toque de magia regresó a su libro y, cuando Luisa estaba a punto de salir de la biblioteca, volvió a sentir un toque en el hombro. Era ella: "blanca como la nieve, colorada como la sangre y con cabellos negros como el ébano". ¿Adivinaste?
— ¡¿Blancanieves!? — dijo Luisa anonadada.
— Luisa, llévame contigo también. Esta edición — dijo mostrándole su propio libro — es una adaptación auténtica del cuento de los hermanos Grimm.
Cuando la niña estaba a punto de coger el libro, el Gato con Botas apareció molesto:
— Blancanieves, Luisa ya escogió. Vete con tus seis enanos.
— ¡Son siete y no seis! ¡ Y ella aún no ha escogido! — le dijo Blancanieves roja de cólera.
Los dos miraban a la niña esperando una respuesta:
— No sé cuál llevar...quería llevármelos todos...
De repente, sucedió algo increíble: fueron saliendo de los libros… Cenicienta, Caperucita Roja, Rapunzel. Un equipo completo de princesas de verdad:
— Luisa llévame a tu casa — le suplicaban todas.
— Yo sólo necesito una cama para dormir un rato — dijo la Bella Durmiente mientras bostezaba.
— Solo cien años — dijo el Gato burlándose.
— Puedo limpiar tu casa, pero de noche tengo una fiesta en el castillo del ....
— ¡Príncipe! — gritaron todos.
— En mi cesta tengo torta y vino. ¿Quién quiere? — Ofreció Caperucita.
Y continuaron apareciendo más personajes: el Patito Feo, la Vendedora de Fósforos, el Soldadito de Plomo y la Bailarina:
— ¿Luisa podemos ir contigo? Somos los personajes de Andersen — pidió el Patito Feo que tan feo… no era.
— ¿Tu casa está calentita? — preguntó la Vendedora de los Fósforos.
De repente, delante de todos, apareció un lobo enorme, peludo, muy peludo, con los dientes afilados: ¡El lobo feroz!
— Lobo ¿por qué tienes esa boca tan grande? — le preguntó Caperucita por costumbre.
— Yo les protejo — dijo valientemente el Soldadito de Plomo.
El Lobo abrió la boca y… ¿Se los comió a todos? No. Solo bostezó de tanto sueño y les dijo con calma:
— Tranquilos. Sólo quería darles una idea. Luisa se lleva el libro de Blancanieves y nosotros entramos en su mochila que es muy grande.
A todos les gustó su idea.
— ¿Luisa nos dejas ir contigo?
— ¡Claro que sí! — Dijo Luisa abriendo la mochila.
Los personajes hicieron fila y fueron entrando uno a uno:
— ¡Primero las princesas! — dijo la Cenicienta.
Al final aparecieron también los personajes brasileños: el Sací, el Caipora, una muñeca de tela que no para de hablar, un niño muy loquito, una niña con una cartera amarilla, otra con la foto de su bisabuela pegada al cuerpo, un pequeño rey mandón. Todos entraron.
La mochila pesaba más que nunca. ¡Cómo pesan los personajes! Luisa llevo el libro de Blancanieves y la bibliotecaria anotó todo en su ficha.
Poco después la niña llegó a casa feliz. Su mamá le preguntó desde la cocina.
— ¿Hija, llegaste?
— Síííí, mami, llegamos.





Conferencias Lij


Nota: El siguiente escrito fue compartido con la escritora en la “Mesa de autores mendocinos” en el marco del “I Encuentro Internacional de Literatura Infantil y Juvenil y Narración Oral Escénica en Mendoza” realizado en el mes de Mayo de 2015.



Hablar a los malvones

Liliana Bodoc. Foto: Jony Asequia para EdeLij

Por Liliana Bodoc (*)

            El arte no puede existir sino a través de una distorsión, de un quiebre, de una revisión de la normalidad. La música es una alteración de los sonidos habituales. La alfarería es una alteración del barro. La literatura es una alteración del lenguaje. Y del silencio.

            Pensado así, parece que el arte es, por definición, una instancia transformadora. Cuanto menos podemos pensar que, para adentrarnos en la propuesta del arte, es necesario desensillar el caballo de la pura, extrema y urgente cotidianeidad, de la denotación, y de la prisa. El arte, cualquiera de las disciplinas artísticas que conocemos, necesita una aceptación de lo extra-cotidiano. Nos necesita capaces de saber y creer que el sentido de las cosas está plegado como un abanico, que lo que a diario solemos ver es solo el abanico plegado.

            Para adentrarse en la palabra poética y literaria hace falta correrse del lenguaje con el que, hasta recién, hablábamos con nuestro hijo, con nuestra vecina…
            ¿Para hablar con palabras absurdamente coquetas? ¿Para decir blondo en vez de rubio? ¿Para saturarnos de adjetivos? Claro que no, por supuesto que no. Para hablar desde otro sitio y con otro propósito. Como suelen hablarles algunos a sus plantas.
            Hablar a los malvones es palabra poética. No importa si le decimos "Mirá qué grandes están las margaritas" o "Buen día, qué lindo amanecimos" o "Pobrecito, te meó el gato".
            Es palabra poética por el origen y por el propósito.     
            Le hablamos a los malvones desde lo ancestral, desde el viejo chamán que habita nuestra historia, desde la fe. Hablamos con lo que no es evidente, hablamos para romper las barreras de lo posible. No hablamos para adornar la realidad sino para accionar sobre ella. Para que crezcan los malvones. Y es bien sabido, los malvones florecen mejor cuando alguien les habla.

            Hay ciertos versos en los que me quedaría a vivir. Porque proponen mucho más que una línea musical y semántica. Porque proponen un mundo.
            "Yo no tengo en el alma tanto tigre admitido" Escribió Miguel Hernández. Y yo quiero vivir en ese mundo

            "¿Por qué he de empeñarme en que Dios sea una cosa mejor que este día?" Escribió Walt Whitman

            "Esa es tu pena. Tiene la forma de un cristal de nieve que no podría existir si no existieras"  Escribió Olga Orozco.

            Son mundos.  O en todo caso, ensanchan el mundo. Son impugnaciones de la normalidad.

            El tiempo que nos fue otorgado, aun en los extremos de la longevidad, es muy poco para tanta alma. Muy poquita cosa para todo lo que añoramos ser, ver. Para todas las navegaciones y los naufragios que desearíamos experimentar.

            Sin que sea tan evidente, ni factible de ser probado con el método científico, creo que la palabra poética es una dimensión posible.

            Vivir sin poesía es vivir menos. Menos vida, menos gente, menos posibilidades. Como si tuviésemos una casa con sótano y altillo, y jamás los visitáramos.
            Los sótanos y los altillos no son cómodos, asustan, ensucian. Uno llega ahí y ya están los fantasmas. Recuerdos, promesas incumplidas, papeles fechados por una mano ya muerta… Pero son parte de nuestra casa, de nuestra vida. 

            Ni nosotros, ni nuestros jóvenes, ni nuestros niños, ni nuestros malvones podemos vivir sin poesía.
            ¿Qué más da que sea arduo? ¿Qué importa si se resisten a leer? ¿Cómo van a amedrentarnos las nuevas tecnologías?

            La poesía nos enseña a respirar de otro modo. Más pausado y más cierto.
            Todos tenemos un verso en el cual nos quedaríamos a vivir. Un verso destinado a ser nuestro lugar en el mundo. Hay que encontrarlo.    

               Y después, hasta podemos ver que hay otros habitando ese verso. Que un verso es también un barrio. Que encontramos pares allí.  Uno al que le brillan los ojos igual que a mí me brillan. Una que pronuncia bajito igual que yo pronuncio.

            "Te recuerdo como eras en el último otoño"
            "Hablaban de un caballo, yo creo que era un ángel"
            "Conmigo se volvió loca la anatomía. Yo soy todo corazón"
            "Solo porque un amigo es la vida dos veces"
          "No sé qué tiene la aldea donde vivo y donde muero, que de venir de mí mismo vivo más lejos"
            "Los caminos perderán sus ciudades para verte"

            Y para terminar, yo me pregunto: ¿No sigue viva, asombrosamente viva la flor que guardamos entre las páginas de un libro?



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Notas relacionadas en esta página: Entrevista a Liliana Bodoc (por EdeLij)


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(*) Liliana Bodoc, escritora argentina, algunas de sus obras editadas son: “Diciembre Super Álbum”, “Sucedió en Colores”, “Memorias Impuras”,  “El mapa imposible”, “El espejo africano”,  “Presagio de Carnaval”, “El rastro de la canela”, “La entrevista”. “La Saga de Los Confines”, trilogía de épica fantástica compuesta por “Los días del venado”, “Los días de la Sombra” y “Los días del fuego”. La saga de Los Confines ha sido traducida al alemán, italiano,  francés, holandés, inglés y japonés, entre otros. Ha obtenido numerosos reconocimientos como: Premio Fundación El Libro, año 2000. Distinción del IBBY (International Board on Books for Young People), 2001. Premio Barco de Vapor, 2008. Distinción White Ravens 2002, otorgada por el IBBY Internacional. Diploma al Mérito, Fundación Konex, 2004. Candidata al Premio Andersen 2010 por la Argentina.


Artículos Lij: La metaficción, un juego presente en obras para chicos…


La metaficción, un juego presente en obras para chicos…
Por María Candela López (*)
El objetivo de este trabajo consiste en identificar la manera en que el concepto abstracto de metaficción se manifiesta en el libro-álbum Mal día en Rio Seco (Chris Van Allsburg) a través de diversos recursos textuales y gráficos. Para esto, en primera instancia conviene deslindar el significado del concepto de metaficción.
La metaficción es un concepto presente a lo largo de toda la historia de la literatura, pero es en las obras postmodernas donde su aparición se ha intensificado. Y más específicamente, dentro de la literatura infantil actual, el álbum es el territorio que la experimentación metaficcional ha elegido para manifestarse.
Tradicionalmente, la literatura infantil tiende a presentar una visión del mundo sin contradicciones, desarrolla un solo hilo argumental, prefiere los finales cerrados a los abiertos, está focalizada en un solo personaje y no presenta variaciones de estilo, entre otras características. Los recursos metaficcionales descubren las convenciones de esta literatura canónica y revelan la manera artificiosa en que operan estas viejas convenciones.
Las características propias de las obras postmodernas son, entre otras: rechazo al realismo, develamiento de los mecanismos constitutivos de la ficción, conciencia lingüística, un alto sentido lúdico, intertextualidad, intención de producir desconcierto en el lector y, en muchos casos, de hacerle participar en la construcción de la obra, la noción de que la realidad no puede ser reducida a una sola y única interpretación y la conciencia sobre la arbitrariedad del lenguaje.
Las obras metaficcionales ponen de manifiesto las diferentes maneras de ordenar el mundo de ficción y permiten que el lector participe en el acto de darle sentido al mundo literario y sea consciente de qué expectativas y conocimientos pone en juego cuando lo hace.
La metaficción implica aprender a leer distanciadamente, además de hacer evidente el papel activo del lector en la construcción del sentido y de mostrar los aspectos importantes sobre el funcionamiento de la literatura y las posibilidades creativas de los textos literarios.
-Comentario sobre los recursos metaficcionales del libro “Mal día en Río Seco” del autor Chris Van Allsburg, editado por el FCE, México.
La lectura de un álbum resulta un tanto heterodoxa, no tanto por lo que dice, sino por cómo lo hace. “El álbum muestra un trabajo polifónico donde el soporte físico y la narratología visual y textual concuerdan afinadísimamente” (Teresa Durán, 2010:37). Por lo tanto, y ya que el abordaje de un texto de estas características se vuelve complejo, vamos a seguir para el análisis de Mal día en Río Seco el modo de lectura que la autora antes mencionada propone en su artículo Cuando el texto calla. Lectura de un álbum: La reina de los colores.

  • El formato
Mal día en río seco es un libro vertical de tamaño mediano, del estilo de los destinados para que los niños coloreen. Ya la tapa remite a la historieta clásica: el estilo hiperrealista en blanco y negro, figuras solo delineadas en su contorno y el tipo de ilustración que recuerda a aquellas historias antiguas, en lugar de las imágenes tridimensionales con luces y sombras a las que estamos habituados. 

  • La calidad del papel
El papel en el que nos llega Mal día en Río Seco es brillante y satinado, para ser dedicado a la lectura. 
  • Las guardas 
A menudo, las guardas en el libro álbum constituyen un paratexto que preanuncia e informa sobre el contenido del  mismo. En Mal día en Río Seco, las guardas son lisas, monocromas y se destacan por su sencillez: un negro profundo pregona que la vida y los personajes de Río Seco empiezan y terminan en los límites cerrados de las páginas siguientes. Esto se justifica con una última frase que cierra el relato: “Y entonces la luz se apagó”, palabras que recuerdan que bajo la tapa del libro para colorear late la historia de Río Seco. Esta última frase del narrador, ajena al niño/a que ha intervenido sin saberlo en la vida de los personajes coloreados, está destinada al lector, único cómplice de los dos mundos.

  • Cubierta, contracubierta y página de portada
Deben brindar información y a la vez constituirse en un anzuelo para el lector. La cubierta de Mal día en Río Seco muestra en blanco y negro el expresivo rostro del alguacil Ned Hardy en actitud de franca desesperación: su mirada está orientada hacia el cielo –un cielo que no vemos, pero intuimos-, de manera que podemos conjeturar que desde esa dirección llega el motivo de su agobio. Allí se encuentran ya los trazos misteriosos que se incrementan a lo largo del relato y cuyo origen se develará con las últimas páginas. En gruesas letras negras mayúsculas aparece el título de la obra que enmarca la imagen descripta. A pie de página, se destaca el nombre del escritor e ilustrador del álbum: Chris Van Allsburg. La contracubierta presenta otra imagen: esta es una foto del mencionado autor ambientada en una especie de taller donde, suponemos, trabaja en compañía de una nena ataviada como vaquera. Podemos suponer que es su hija y, de seguro, a quien va dedicada la obra: “A Sophia mi vaquerita”, como reza la página de portada. Ambos, padre e hija posan para la foto, mientras pintan –o garabatean- escenas de Río Seco con los mismos crayones que aparecen en las últimas páginas del libro. Con esta foto en la contracubierta del libro podemos reafirmar el gusto del autor por los juegos de ficción: la cadena de representaciones continúa.
La página de portada contiene otra ilustración de las del estilo del western, cuya silueta en blanco y negro, enmarcada y mucho más pequeña veremos desplegarse en las páginas siguientes. Esta también nos adelanta el contenido del relato: se ve al mencionado alguacil en su caballo tratando de acometer las rayas violentas en rojo y amarillo que se avecinan.
 

  • El relato y su progresión, los personajes, la acción y la secuenciación
Ahora nos metemos de lleno en el relato y su progresión. Un narrador aparentemente imparcial, describe casi lacónicamente la demasiada tranquila y monótona vida de Río Seco. El dibujo apoya el texto: “dos docenas de construcciones a lo largo de un camino polvoroso que no lleva a ninguna parte”. Casas sin color, divididas o agrupadas en torno a un camino inservible: “nadie había venido ni se había ido jamás”. El lector se entrega al narrador y queda involucrado en el previsible universo del "Far West"; pero al dar vuelta la página, también en blanco y negro, irrumpe un extraño acontecimiento: “una luz brillante en el cielo del Oeste” y aún más inexplicables “gruesas tiras de una especie de lodo brillante y grasoso” cubren los caballos de la diligencia sin cochero detenida por primera vez en Río Seco. El alguacil Hardy trata inútilmente de arrancar las tiras resbalosas –más adelante sabremos por qué- que inquietan a los caballos y, valiente, decide ir en busca de la causa del misterio. Siguiendo la ruta de la diligencia constata que continúan las marcas, pero ahora se suman los colores: el verde en la naturaleza, el azul en el sombrero y los ojos del inerte cochero, los lilas y rosas en los lomos del ganado. En ese momento y desde allí puede divisar que algo terrible ha ocurrido en Río Seco: las casas del pueblo están cubiertas también con las horribles marcas y rayas. Los habitantes relatan lo sucedido: “de improviso, el cielo sobre sus cabezas se había cubierto con una luz brillante, que congelaba todo lo que tocaba”. Uno de ellos asegura: “como si salieras de un cuarto oscuro y miraras al sol de frente a mediodía” y el narrador remata: “cuando la luz se alejó, estaban cubiertos con las marcas grasientas” (¿acaso la luz cegadora que ven los habitantes del pueblo será la que irradia la lámpara que cuelga sobre la mesa de trabajo del vaquerito?, ¿acaso los personajes la ven cuando la página es dada vuelta y queda abierta bajo la luz de la lámpara? Si tenemos en cuenta esto, podemos decir que, como una metáfora, la oscuridad corresponde al momento en que el libro –o al menos la página- permanece cerrado y la luz cegadora al momento en que el álbum es abierto y “vuelto a la vida”).
El alguacil, como prototipo de héroe western y como no puede ser de otro modo, decide encabezar la lucha contra lo desconocido y sale del pueblo con una cuadrilla de hombres armados. Seguir el rastro del mal no es difícil: “por todas partes se veían rayas aceitosas”. En esta búsqueda se encuentran con el enemigo: “era alto como un álamo y flaco como un palo de escoba” y hecho de la misma “sustancia grasosa” que cubre el paisaje. Atrapados en la lógica de su mundo, los vaqueros están seguros de que “ese larguirucho era el causante de todas sus desgracias”. El terrible enemigo no es más que un vaquero-monigote dibujado con los mismos crayones que el resto de los garabatos que cubren a los personajes de Río  Seco. Este encuentro es el momento culminante para el alguacil y su gente porque cuando van a arremeter contra el monigote “fueron congelados por la brillante luz que repentinamente llenó el cielo”. 


Al dar vuelta la página, se produce la primera revelación explícita del cruce de dos mundos: la ilustración muestra en el ángulo inferior derecho una mano infantil de carácter hiperrealista y en  tamaño real que pinta con un crayón (de las mismas características de la mano) las figuras sin vida del alguacil y sus hombres.
Por primera vez, un nuevo plano narrativo irrumpe a través de la ilustración, ahora independiente del texto verbal.

La doble página siguiente, desde una perspectiva aérea, representa a un niño o niña con idéntico estilo de la mano anterior que, inclinado sobre una mesa, de espaldas al lector, pinta las figuras del álbum de Río Seco. Junto al libro y en el suelo se ven dibujos infantiles, entre ellos el del enemigo-monigote-vaquero. Por primera vez, no existe texto que narre la imagen. El mundo de la historia de los vaqueros ahora queda suspendido -"congelado por una luz brillante", según palabras del narrador- y se abre paso un universo nuevo que da cuenta de las anormalidades grasientas. Es en este momento cuando somos conscientes de que formamos parte del efecto especular: nosotros, los lectores, sostenemos en nuestras manos un libro abierto (un libro-álbum) en una página donde un niño dibuja sobre otro libro abierto (un libro para colorear).
La gradación de planos de realidad está representada por los diferentes estilos pictóricos: el clásico dibujo de figuras delineadas, en blanco y negro, de las primeras páginas (convertidas ahora en ficción de libro para colorear) aparece dentro de un mundo "más real": el del niño/a en el estilo, tamaño y colores hiperrealistas. Este juego de planos también está representado por los diferentes puntos de acercamiento del narrador: el revelamiento de la presencia del causante de los males de Río Seco, se hace gradualmente: de la mano, a la cabeza y espalda del niño/a y de ahí a su cuerpo entero. Se evidencia además con tales propósitos, la presencia de texto escrito que acompaña narrando las secuencias del western y, por otro, la ausencia de este en el estilo hiperrealista que tiene al niño/a como protagonista: “La presencia de dos códigos interrelacionados hace posible que en el álbum se desarrolle un tipo de narrativa con unas características propias que son intrínsecamente afines a la experimentación metaficcional” (María Cecilia Silva-Díaz,  2005: 11). 
La página final muestra la figura infantil protagonista de los desastres de Río Seco que, otra vez de espaldas, deja su habitación para, probablemente, jugar con una pelota que lleva bajo el brazo. Sobre la mesa, ha quedado el "COWBOY, coloring book" cerrado. El libro es ahora un objeto más entre otros objetos que pueblan la habitación del niño/a.
-A modo de conclusión…
Mal día en Río Seco abunda en experimentos que buscan desenmascarar la ilusión de realidad que crea la literatura a través de convenciones que en la narrativa tradicional permanecen veladas. En esta obligada ruptura del pacto, el lector no puede sumergirse, ya que está a la vista el carácter ficcional del relato. Además, debe reconstruir su posición y convertirse en participante activo en la construcción del relato. La ruptura no le permite contemplar pasivamente el curso de las acciones, sino que debe movilizarse para cerrar –o no- la historia y reconstruir el sentido del texto. “La metaficción impulsa al lector a levantarse de su butaca de terciopelo rojo desde la que, absorto, contemplaba el drama; lo guía para que se mueva tras bambalinas y observe con distancia la tramoya y demás parapetos que rodean la escena” (María Cecilia Silva-Díaz,  2005: 21).
Mal día en Río Seco explota la variedad y complejidad de recursos metaficcionales sin abrumar al lector con presupuestos teóricos y sin que la función crítica inunde la ficción.
-Bibliografía
-Silva-Díaz,  María Cecilia (2005). La metaficción como un juego de niños. Una introducción a los álbumes metaficcionales. Caracas: Banco del Libro.
-Durán, Teresa (2010). Cuando el texto calla. Lectura de un álbum: La reina de los colores. En Mendoza Fillola, A. y Romea, C. (Coord.). El lector ante la obra hipertextual. Barcelona: Horsori.

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(*) María Candela López Profesora de Grado Universitario en Lengua y Literatura por la UNCuyo. El presente escrito forma parte del trabajo realizado para el Curso-Taller: “¿Cómo promover la lectura en niños y jóvenes?” (Resolución Nº 0221/2011) coordinado por la profesora Silvina Juri y organizado en la sede de EDELIJ (Mendoza).